Zorro había logrado convencer a Nami de que Cintia era de
fiar, y habían decidido reunirse con los demás.
-Valla habéis tardado un mucho-dijo Robin con una sonrisa
pícara dedicada a Luffy y a Nami, pero cambió de expresión al ver que los
seguían Zorro y una chica rubia a la que no había visto antes-. ¿Quién es ella?
-Bueno, veras, ella se llama…-comenzó a decir Nami pero fue
interrumpida por Ichigo.
-¡¡Cintia!!-exclamó este.
-¡¡Ichigo!!-dijo ella mientras se colgaba de su brazo-. Que
contenta estoy de verte, pensaba que tendría que estar yo sola con estos
raritos.
-¡¡Rarita serás tú!!-gritaron Zorro y Nami al unísono.
-¿Os conocéis?-preguntó Luffy.
-En efecto, ambos pertenecemos al mismo equipo, por decirlo
de alguna forma-contesto Ichigo.
-Sí, y ambos teníamos la misión de protegeros. Por eso
estamos aquí-siguió Cintia-. Al principio queríamos que os fuerais, por vuestra
propia seguridad, pero cuando descubrí que acompañabais a Akari, pensé que
sería mejor contar con vosotros.
-¿A sí que tú también eres un vástago?-preguntó Nami.
-Si-contestó esta.
-¿En qué consiste eso de los vástagos exactamente?-preguntó
la arqueóloga- ¿En que cada uno de vosotras posea un poder?
-Bueno, la verdad es que es más complicado que eso-explicó
Ichigo-. Todos los vástagos tenemos algo en común, todos poseemos ciertas
habilidades, entre ellas la velocidad, la agilidad, un oído y una vista mucho
más desarrollados que los de los humanos y una habilidad especial para el
manejo de armas.
-Se podría decir que prácticamente nacemos con un cuchillo
en la mano-bromeó Cintia-, no es la primera vez que un vástago de tres años es
capaz de lanzar un cuchillo con una puntería que nada debe envidiarle a un
adulto humano.
-Además de eso, cada vástago tiene un poder especial, que
depende por supuesto de las habilidades de sus progenitores, aunque hay casos
en la que posee dos, pero no es lo normal-siguió Ichigo.
-Nos has llamado humanos sin incluiros a ninguno de los
dos-dijo Robin-. Doy por supuesto que vosotros no lo sois. ¿No es así?
-Tienes razón, no somos exactamente humanos. Según las
legendas, nosotros somos descendientes de ángeles caídos del cielo, por eso
también recibimos el nombre de nefilims; aunque para la mayoría de la gente
somos hijos de ángeles convertidos en demonios y expulsados del cielo por sus
actos maléficos y perversos, condenados a vagar por la tierra sembrando el odio
y derramando sangre allá por donde vallamos.
-Resumiendo-le cortó Cintia-, eso sería lo que pasaría si consiguiésemos
romper el sello que nos retiene en esta estúpida isla.
-¿Un sello?-preguntó Zorro.
-Raciel, un ángel, nos lo puso para que nuestro poder no
pudiese alcanzar su máxima potencia, temiendo que destruiríamos el mundo. Y así
desde ese momento, todos lo vástagos tenemos esta estúpida marca en la mano-Cintia
se sacó el guante que tenía en la mano izquierda y dejó ver una marca con forma
de estrella-. Solo es una leyenda, pero lo cierto es que ninguno de nosotros
puede abandonar la isla.
Todos se quedaron viendo la marca que Cintia tenía en la
mano. Ahora sabían que eran pero no lograban entender para que quería esa tal “Cúpula”
a Akari.
-¿No es así mejor?-comenzó a decir Ushuff- Quiero decir, que
no abandonéis la isla. Si eso pasase, destruiríais el mundo. ¿No habéis dicho
que…?
-No seas ridículo-le dijo Cintia ofendida-. Nosotros jamás
haríamos eso. Ni siquiera la cúpula lo haría, y eso que quiere dominar el
mundo, pero de ahí a destruirlo…
-¿QUE QUIERE QUE?-gritó Nami.
-Por eso necesitan a Akari, ella lee el pensamiento, y la
única persona que sabe como quitar el sello jamás se lo dirá porque conoce sus
intenciones. Así que pretenden utilizarla para que ella se lo diga-explicó
Ichigo-. Afortunadamente no todos piensan como la Cúpula. Hace unos diez años
los vástagos se dividieron en dos bandos: la Cúpula, ósea los que quieren
dominar el mundo; y el Coliseo, que somos nosotros, que solo pretendemos acabar
con la cúpula para poder romper el sello sin poner en peligro al mundo.
-¿Quieres decir que hasta que los venzáis no podréis salir
de aquí?-preguntó Nami.
-Así es-respondió Ichigo-. Vosotros no sabéis la suerte que
tenéis por poder ir a donde queráis y recorrer el mundo entero en busca de
aventuras. Yo daría cualquier cosa por estar en vuestro lugar.
Todos los Sombrero de Paja miraron al capitán. Lo que Ichigo
y Cintia habían dicho haría que sin duda este estuviese más decidido a
ayudarles, aunque sabían que lo que les esperaba sería muy difícil de
conseguir.
CONTINUARÁ…
EN EL PROXIMO CAPÍTULO…
DOS CAMARADAS ENFRENTADOS. SANGI VS LUFFY POR AMOR.
Sangi: No te mereces a alguien como Nami, pero yo le abriré
los ojos.
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