Todos se estaban preparando para ir en busca del hermano de
Akari. Sería un viaje largo y peligroso, pero aun así no se iban a echar atrás.
-¿Luffy lo tienes todo?-pregunto Zorro al acabar de recoger
sus cosas.
-Claro- respondió este.
-Pues vámonos ya, deben de estar todos esperando.
-¿Crees que es verdad?-lo interrumpió Luffy-¿Qué Akari puede
oír lo que pensamos?
-Si, aunque espero que no sea la clase de personas que van
contando por ahí los secretos de los demás; o que se entrometan en tu vida tipo
“se quien te gusta así que se lo digo” y bueno esas cosas.
-¿Tienes secretos Zorro?-pregunto el capitán-. Me parece muy
sospechoso lo que acabas de decir.
-De que hablas- respondió nervioso-. No tengo ningún
secreto.
-¿A no? Bueno nos están esperando, dejémoslo estar. Por
ahora.
Al salir vieron que todos sus amigos los estaban esperando.
-Ya era hora-les regaño Nami.
-Lo siento-se disculpo Luffy.
-Bueno partamos ya-dijo Robin-. Se Hace tarde.
-¡¡¡¡¡¡Sí!!!!!!-exclamo Chopper-. Debemos ayudar a Akari.
-Nos está esperando
en casa de su abuela-anuncio Sangi-, ha ido a despedirse.
-Pues vamos a buscarla-dijo Ushuff.
Mientras tanto, en la casa de la señora Minamoto (la abuela
de Akari) Akari se estaba despidiendo de su abuela.
-Adiós, abuela-se despidió Akari-. Que sepas que si no
vuelvo yo…
-No digas eso-la cortó-, vas a volver, lo sé. Debes confiar
en tus amigos, y lo más importante, en ti misma y en tu fuerza.
-Lo intentare abuela-sonrió Akari.
-No lo intentaras solamente, lo harás.
-¡¡Akari!!-se oyó gritar, era Luffy.
-Chicos, ya estáis aquí.
-Si-afirmo Nami-. Ya es la hora.
-No se preocupe vieja- dijo Luffy dirigiéndose a la señora
Minamoto-. Cuidaremos de ella.
-De eso estoy segura-respondió.
Poco a poco, la señora Minamoto
vio como su nieta y los piratas se alejaban hasta desaparecer. Confiaba en
ellos, sabía que intentarían traer a su nieto de vuelta y que pondrían todo su
empeño en ello. Pero tenía miedo de que no todos regresasen, el camino que
tenían por delante era peligroso y traicionero. Nadie, ni siquiera Akari, sabía
lo peligrosos que podían llegar a ser los… vastagos.
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